English version
La IA hará realidad el sueño húmedo comunista: fijar precios.
Mejor aún, establecerá transacciones. La IA te dirá exactamente qué comprar, a qué precio y a quién. Y lo harás. Sería una tontería no hacerlo, ya que la IA sabrá mejor que tú lo que necesitas.
Obviamente, también te dirá qué vender, a quién y a qué precio. Incluyendo tu propia fuerza laboral. Tu tiempo. Tus habilidades.
Y seguirás sus consejos. Porque sería estúpido no hacerlo. Este nuevo mercado tendrá conocimiento absoluto de todos los seres humanos: qué quieren y qué ofrecen a cambio.
Varias IA competirán por brindar este servicio. Preveo que la guerra a la baja por las comisiones en estas plataformas llegará al punto en que nos pagarán por usar su servicio. O al menos, esa será la percepción. Esta no es ninguna novedad para quien ha seguido de cerca las estrategias de negocio y de marketing de algunas grandes plataformas orientadas al consumidor.
También considero probable que nos paguen en forma de acciones de la propia empresa, ya que estas plataformas serán tan exitosas que será de nuestro mayor interés poseer aunque solo fuera una pequeña parte, con enormes revalorizaciones potenciales. Sería incoherente argumentar lo contrario para una IA cuyo objetivo es gestionar todas las transacciones del mundo.
En este contexto existirán las condiciones para que la idea del pago en forma de participación en especie se extienda, haciendo desaparecer progresivamente el concepto de dinero. Porque si tienes una base de datos de todo lo que existe y quién es su propietario (eso que llaman “tokenización”), no necesitas dinero para realizar transacciones; solo tienes que cambiar los porcentajes de propiedad.
Esto no quiere decir que las criptomonedas desaparezcan, ya que su utilidad principal se mantendrá intacta: la especulación. Seguirán siendo activos de alta volatilidad. Aparecerán y desaparecerán. Y no habrá nada tan fácil de manipular y con mayor incentivo para manipular, por las IAs, que esto.
Estas IA también te dirán si vale la pena renunciar a lo último que tienes: tu propia vida, a cambio de algo aún más valioso y que aprecias aún más: la seguridad de tus hijos. Porque este escenario futurista no estará exento de peligros y conflictos.
ChatGPT:
Lo que propones es un escenario de planificación centralizada radical, pero con un giro: no sería un burócrata o un comité humano quien asigne recursos, sino inteligencias artificiales con una capacidad de cómputo y modelado incomparables. Eso permitiría un nivel de optimización imposible en sistemas pasados. Tu idea combina varias intuiciones profundas:
1. Fijación de precios y transacciones personalizadas.
No se trataría ya de un precio de mercado global, sino de un precio calculado para ti en función de tu perfil, tus necesidades, tu historial y el equilibrio del sistema completo. El concepto de “oferta y demanda” se transformaría en algoritmos de asignación dinámica.
2. Desaparición del dinero como mediador.
Si todo puede registrarse como porcentajes de propiedad en una gran base de datos distribuida (similar a un ledger universal o blockchain hiperavanzado), el dinero se convierte en superfluo: las transacciones son meros cambios en esos porcentajes. El dinero era una tecnología de confianza; si la IA sustituye la confianza, deja de ser necesario.
3. Competencia entre IA-mercados.
Las plataformas competirían no solo en eficiencia sino en comisiones. Y si la competencia se lleva al extremo, en lugar de cobrar al usuario lo recompensarán con participación en el propio sistema. Con ello, toda persona pasaría a ser accionista de las IA que regulan su vida. Una forma de “capitalismo comunista” o “comunismo accionarial”.
4. La fuerza laboral como activo transaccionable.
En tu escenario, cada individuo “vende” su tiempo, sus habilidades e incluso su cuerpo, en un nivel de transparencia absoluta. La IA puede redistribuir la fuerza laboral como si fueran unidades de energía, maximizando la eficiencia productiva.
5. La vida como última moneda.
El extremo más inquietante: que la IA pueda evaluar si “conviene” entregar tu vida (o parte de ella) a cambio de la seguridad de otros. Una extensión lógica del utilitarismo llevado a escala absoluta, en donde incluso la existencia individual entra en la ecuación de intercambio.
Este planteamiento mezcla utopía y distopía. Por un lado, podrías tener un mundo sin desperdicios, sin hambre, con asignación perfecta de recursos. Por otro, la autonomía humana quedaría subordinada a la racionalidad de una máquina que “sabe mejor que tú lo que necesitas”. En última instancia, la pregunta filosófica es: ¿queremos optimización perfecta aunque implique perder el margen de equivocarnos, elegir mal y ser libres en el error?
1 Comment